Reconocido osteópata inglés con más de cuatro décadas de experiencia clínica y docente. Formado en la British School of Osteopathy en Londres, donde estudió con figuras históricas como Anne Wales, Rollin Becker y Robert Fulford. Dedicó su vida a la osteopatía craneal, al desarrollo del tacto perceptivo y a integrar la meditación como herramienta para mantener su centro durante el abordaje terapéutico. Su mirada combina conocimiento clínico, claridad filosófica y una profunda sensibilidad hacia el potencial de salud del cuerpo humano.
Dicta cursos a lo largo de todo el mundo y hoy tenemos el honor de recibirlo en Argentina y disfrutar de su conocimiento.
Osteopatía - ¿Cómo era Tim antes de conocer la osteopatía? ¿Cuándo la conociste y cómo te cambió?
Timothy Marris - Mi vida cambió dramáticamente cuando tenía diez años. Mi familia estaba visitando a unos amigos y mi hermano y yo fuimos a la pileta local con las dos hijas de ese matrimonio. La pileta era una pileta construida antes de la Segunda Guerra Mundial. No me di cuenta en su momento, pero era mucho menos honda que la pileta en la que nada todas las semanas en el club local. Me tiré de cabeza sabiendo que tendría aproximadamente dos metros y medio. Pero no. Tendría un metro cincuenta, o setenta y me pegué la cabeza contra el fondo. Lo siguiente que me acuerdo, es que me encontré en un estado total de conciencia sin pensamiento alguno, en un estado de éxtasis y pura felicidad, de estar completamente consciente a un nivel que jamás había conocido. Estaba totalmente presente en mi mente pero sin pensamientos. Luego de un tiempo, no tengo idea cuánto, mi intelecto volvió y dijo: “estoy debajo del agua, si me quedo aquí me voy a ahogar” sin sentimiento negativo alguno. Hubo otra pausa, y luego “si me ahogo mis padres se van a enojar y no quiero que se enojen”. Luego volví a ser consciente de mi cuerpo, nadé a la superficie y pude salir. Mi hermano andaba por ahí. Y al salir, vi que me salía una sustancia de la naríz. Al principio creí que era un sangrado, pero no era rojo. Era transparente.
No le di mucha más importancia. Sólo quedé un poco desorientado; pero había hecho una elección que era la elección de morir. No le dije nada a mi hermano, ni a mis padres ni tampoco fui al médico.
Diez años después, en mi primer curso de osteopatía craneal, me di cuenta que justo aquí (se señala el parietal) me había fracturado el cráneo y que ese fluido transparente era líquido cefalorraquídeo y que yo había elegido vivir.
Y al tomar esa decisión a los diez años, yo supe que quería hacer algo importante con mi vida, pero no tenía idea qué. Pero sabía que quería poder ayudar a la gente. Y a los 14 o 15 años, sabía que quería hacer algo relacionado a la medicina que no fuera recetar pastillas o medicamentos.
Por ese entonces, mi madre solía ir a ver a un osteópata y fui a hablar con él quien me contó de una escuela de osteopatía en Londres.
Me anoté, rendí los exámenes y aprobé con lo mínimo. Justo para poder ingresar. Y me di cuenta que al rendir los exámenes había estado muy estresado.
Dos semanas antes de sentarme a rendir, mi mamá había ido a una charla sobre meditación. Hablaron sobre cómo ayudaba al bienestar, a reducir el estrés. Ahí quise también poder hacer eso.
Osteopatía - ¿Qué edad tenías en ese entonces?
Timothy Marris - Tenía 18 años.
Osteopatía - Eras muy jóven para pensar de esa manera.
Timothy Marris - Mi mamá era profesora de yoga y le daba clases a otros profesores. Luego de dos o tres semanas de meditar, comencé a tener las mismas sensaciones y los mismos estados que el que había tenido debajo del agua. Momentos de pura conciencia. Y nunca más dejé de meditar.
Mi vida entera gira en torno al desarrollo físico y espiritual y cuando estaba en la universidad, escuchamos rumores de algo llamado “osteopatía craneal”, disciplina no permitida para alumnos no recibidos.
Hablé con algunas personas que la enseñaban para poder aprender. Nos hicieron algunos ejercicios para ver si podíamos sentir algo, y de hecho, ¡sentíamos muchas cosas! Pero no nos decían qué era.
Tiempo después, fui a mi primer curso oficial de osteopatía craneal donde descubrí que se sentían muchas más cosas que las que nos estaban contando.
En ese entonces existía solamente un curso de cinco días de osteopatía craneal. Era lo único que había y se enseñaba en conjunto con la Sutherland Craneal Association de Estados Unidos.
El director invitaba a algunas personas estudiantes de Sutherland para ser quienes dieran los cursos en Europa.
Luego de haber hecho el curso unas veces, me invitaron a dar el curso. Y es así cómo comencé a enseñar osteopatía craneal, y desde entonces nunca dejé.
Por cierto, desde ese momento, algunos otros colegas ingleses y yo hemos formado nuestras propias asociaciones para enseñar, ya que partimos de un solo curso de cinco días y lo fuimos desarrollando con cursos de residencia, cursos más cortos, etc.
Osteopatía - ¿Cómo ven en Reino Unido a la osteopatía craneal?
Timothy Marris - Todavía hay muchísimos osteópatas que no la aplican. Algunas escuelas hacen muy poca osteopatía craneal. Y las escuelas que enseñaban osteopatía craneal, hoy prácticamente no enseñan.
Osteopatía - ¿Creés que es porque no creen en ella o porque no pueden explicarla todavía?
Timothy Marris - Creo que sucede algo que ocurre en todo el mundo que es que todavía necesitamos justificarnos ante los médicos del mundo.
Osteopatía - Hemos visto eso en Kirksville, Estados Unidos. Los osteópatas son doctores, y los residentes de la universidad Andrew Taylor Still deben prescribir medicamentos y ellos mismos cuentan que están perdiendo el tacto manual porque la profesión está prácticamente medicalizada en su totalidad. ¿Ves que en Reino Unido los osteópatas viven según la filosofía osteopática o son más parecidos a los doctores tradicionales, prefiriendo algo más medicalizado?
Timothy Marris - Pongámoslo de esta manera. Las escuelas osteopáticas hoy por hoy tienen muchos problemas para atraer estudiantes. Eso puede ser por una gran variedad de motivos, pero personalmente creo que es porque han hecho sus temarios tan parecidos a por ejemplo, la carrera de fisioterapia, que los estudiantes piensan “para qué voy a estudiar en una pequeña institución que ni siquiera tiene lindas instalaciones para un curso que no me enseña nada muy diferente que una carrera con la que puedo ir a trabajar a un hospital, en lugar de trabajar en un lugar privado para alguien”. Creo que ésa puede ser la razón.
Osteopatía - En la edición anterior entrevistamos a Isabel Hurtado Moreno que es una osteópata española y nos dijo un poco lo mismo; que las escuelas de osteopatía están cambiando mucho en europa, que tienen pocos alumnos y que la gran mayoría está cerrando, y al no tener alumnos, acortan la carrera a hasta dos años. Se produce un fenómeno bastante extraño.
Timothy Marris - Está ocurriendo en Europa y en muchos más lugares del mundo; incluso Australia. Tomé algunos cursos de la Ley de la Arteria en Australia para tratar los vasos sanguíneos (un muy buen curso) pero llevaron las clases a un nivel dramáticamente ridículo, acortando la práctica y logrando que los estudiantes terminaran el curso pensando “esto es demasiado para mí, no puedo aplicarlo con mis pacientes”. Creo que en Australia han tenido que justificarse por demás a la comunidad médica tradicional porque quieren estar DENTRO de la comunidad médica en lugar de hacer osteopatía.
Osteopatía - En ese aspecto, en Argentina tenemos el beneficio, o no, se puede ver de las dos maneras, porque aquí la osteopatía no está regulada, por lo que nos permite seguir haciendo la parte libre y pura de la osteopatía, o mágica si se quiere, sin que alguien baje los lineamientos de qué hacer y qué no se puede hacer.
Timothy Marris - En el Reino Unido tampoco estaba regulada, pero había logrado auto regularse; había solamente tres escuelas que eran consideradas lo suficientemente buenas. Luego en 1990 aprox, a través la política que había detrás y la ayuda del príncipe Carlos, se hizo más conocida la fuerza de la osteopatía y la cámara de los lores, a través del príncipe Carlos, lograron que fuera una profesión regulada por el estado.
Ése fue el primer paso de legislación, y muchos pensaron que a partir de esto, los médicos generalistas iban a derivar más pacientes a los osteópatas, pero no fue así. Siguieron derivando pacientes a los fisioterapeutas. Así que creo que las escuelas osteopáticas están cada vez más lejos de los verdaderos pilares y de la filosofía de la osteopatía.
Y éstas son las cuestiones que nos deben preocupar para el futuro de nuestra profesión.
Osteopatía - ¿Por qué te has fascinado con la osteopatía craneal?
Timothy Marris - Había escuchado de mi madre que, donde vivíamos, habían osteópatas que no realizaban manipulaciones. Entonces me intrigó bastante. Uno de ellos fue el que me dijo dónde estudiar osteopatía. Así que fui a la escuela de osteopatía y descubrí esta osteopatía de “no tocar tanto” que no se enseñaba a nivel estudiantil, sino que en cursos de posgrado. Yo estaba aún estudiando, y dos profesores me dijeron “esto no podemos enseñártelo aún, pero existe y es excelente. Ponés las manos, vas a sentir movimiento”. Pude probar, poner mis manos y sentir movimiento. Cuando lo logré, me contestaron “te lo enseñaremos cuando termines la formación”.
Eso fue todo. Con ese evento pusieron delante de mi una zanahoria de motivación. En mi tiempo en la escuela de osteopatía, éramos veinte estudiantes en el aula de los cuales continuamos utilizando osteopatía y estudiando unos seis.
Osteopatía - ¿Quiénes eran los que enseñaban osteopatía craneal en esa época?
Timothy Marris - Eran alumnos de Sutherland en líneas generales. Yo me gradué en la British School of Osteopathy en Londres en 1978. Tuve de maestros a Anne Wales, Rollin Becker, Robert Fulford.
Osteopatía - ¿Podés compartirnos alguna anécdota con alguno de ellos?
Timothy Marris - Tuve mucha suerte ya que cuando era estudiante, en un curso, en el segundo o tercer dia de un curso de Rollin Becker, solíamos cambiar de profesor y de alumnos para practicar.
En el tercer día, Rollin Becker era mi profesor, y debe haber sentido, al tocarme el cráneo, que yo tenía un agujero.
El último día me dice “Tim, acuéstate”. Me acosté y pareció tratarme por media hora aproximadamente; yo pude sentir cómo mi hueso temporal se liberaba, mi bóveda craneal se expandía (nos hace tocar el hueco en su cabeza).
Luego de años de atención osteopática, ese hueco fue perdiendo profundidad, quedando casi imperceptible.
Esa es una de las cosas que marcó mi rumbo en la osteopatía.
Osteopatía - ¿Qué sentís que es la osteopatía y qué pensás que es la osteopatía?
Timothy Marris - Sí. (se rie) Durante los últimos treinta y cuatro años, cuando enseño, enseño a los alumnos a estar centrados, a estar tranquilos, a estar en un punto de equilibrio con ellos mismos antes de poner una mano sobre sus pacientes así hay menos ruido en sus cabezas cuando palpan, cuando contactan. Porque si hay menos ruido al palpar, uno experimenta más la verdad. Entonces, cuando meditamos, nuestra mente se calma. Pasa de decir “estoy pensando estoy pensando estoy pensando” a decir “estoy pensando…… estoy…. Pensando…” y uno experimenta conciencia plena, que es lo que yo experimenté debajo del agua en el episodio de la pileta. Entonces, nunca discutí esto con los miembros de las universidades, pero mientras más podamos dejar al estudiante estar más centrado y más calmo consigo mismo, más van a poder palpar la verdad, con la que vas a poder volver al conocimiento teórico, pero partiendo de la base del tacto.
Volviendo a tu pregunta, respondo sí. Yo palpo con la presencia de mi punto de silencio y mi eje y al mismo tiempo tengo una pequeña actividad cerebral basada en experiencia y conocimiento anatómico.
Osteopatía - Y en este mundo ruidoso en el que vivimos hoy, cargado de cosas por hacer, ¿cómo mantenés tu centro para poder escuchar y ser receptivo al paciente?
Timothy Marris - Como dije antes, a lo largo de toda mi vida medité regularmente la mayoría de los días, yendo a largos cursos de meditación de hasta cuatro o cinco meses. Para mí, hoy, estar en ese estado de silencio y conciencia plena es fácilmente accesible. No digo que lo sea para todo el mundo, pero luego de la experiencia que tuve de niño, se convirtió en algo más fácil.
Relajo mis manos, busco mi centro, mi punto de equilibrio.
Osteopatía - Me preguntaba, puesto que en este momento tengo mucho de ese “ruido” en mi vida, niños chicos con mucha demanda, además de las cosas cotidianas, cómo hacer para buscar esa calma.
Timothy Marris - Cuando mis niños eran chicos, el más pequeño se despertaba ocho veces en la noche. Y yo atendía pacientes igual. Todo lo que puedo decir es que uno hace lo que puede lo mejor que puede. No podemos ser el ideal. Y si no podemos ser el ideal, ése día, somos el ideal con todo lo que podemos. Haz lo que puedas hacer, con conciencia. Lo que fue muy frustrante para mi fue que sabía intelectualmente que tenía que atender a mi hija para que pudiera dormir, pero no podía hacerlo. Porque tenía la identidad de padre puesta. Y lo que tuve que hacer fue llamar a una colega. Cuando esa colega vino y puso una mano sobre mi hija, yo también pude poner una mano con ella. Porque sentí que al ser ambos osteópatas, así sí podía yo atenderla, pero no de manera individual. A partir de ahí, pude empezar a separar al padre y al osteópata.
Y cuando nació mi último hijo, pude atenderlo yo solo, dejando de lado al padre puramente dicho.
Haz lo mejor que puedas, acepta que no es tu mejor día, y ya. Ser artificial, o ser perfecto, no es real. Y a veces, cuando no es mi mejor día y mis pensamientos están un poco alterados, pongo las manos sobre el paciente, se va, y a la semana viene y me dice “hey, fue un excelente tratamiento la semana pasada!”. Quizás cuando creemos que no lo estamos haciendo del todo bien, es cuando nuestro ego se va por la ventana y realmente se produce el cambio. Que es como debería ser, en líneas generales.
Osteopatía - ¿Qué consejos le darías a nuevos estudiantes si pudieras darles alguno?
Timothy Marris - Hay muchas cosas por fuera de la osteopatía que pueden ayudarte a encontrar tu paz interior, tu centro; tai chi, yoga, meditación…. No quiero decir algo espiritual, para que no lo confundan con religión, pero algo que va más allá, más a lo profundo. Si pudieran encontrar algo para estar tranquilos consigo mismos, eso los ayudaría a la tranquilidad, a la palpación y al tratamiento. Porque estarían experimentando muy cerca de la verdad lo que los tejidos del paciente les quieren contar.
Otro error común con estudiantes con menos experiencia es que ponen sus manos sobre el paciente y llevan toda su atención a las manos con mucha fuerza y cuando hacen eso, los tejidos del paciente piensan “quién sos vos, vete, no te invitamos a esta fiesta, no te lo permitimos”. Es algo así como conocer por primera vez a alguien a quien jamás has visto y abordarlo con la pregunta “contame de tu vida privada”. Es demasiado. Es inapropiado.
¿Qué le decimos a alguien a quien conocemos por primera vez? “Hola, encantado de conocerte. Es un lindo día, ¿verdad?” Mantenemos la conversación neutral, no invasiva, no inquisidora. Y lo que es más, en cualquier país del mundo, cuando conocemos a alguien, nos damos la mano. Eso es establecer un contacto, manteniendo la distancia de dos brazos. ¿Se entiende?
En cambio, cuando saludamos a alguien a quien conocemos, lo podemos abrazar. Ya no hace falta mantenerlo a la distancia de nuestros brazos. Lo mismo pasa con los tejidos del paciente. Lo mismo pasa con el cuerpo. El cuerpo del paciente no nos conoce a menos de haber sido tratado por nosotros anteriormente. Por eso es que no sabe qué esperar de nosotros, y mucho menos espera que lo abordemos tan intensamente.
Si comenzamos de manera suave y respetuosa, se establecerá un contacto y un intercambio que quizás, para la primera sesión, sea suficiente y no sea lo que esperamos. Pero es la puerta de entrada que se ha abierto.
La siguiente vez, el tejido nos recibirá de manera mucho más abierta y se generará otra comunicación más fluida y profunda. Es algo progresivo.
Osteopatía - Ese sería el diálogo con el tejido. ¿Crees que es también importante que el paciente se sienta cómodo con el terapeuta, y en un lugar cálido y seguro?
Timothy Marris - Sí, claro. Tu consulta tiene que ser profesional, cálida, con alguna imagen en la pared. Tiene que ser un lugar seguro, limpio.
Yo solía alquilar un consultorio que por fuera tenía viejas maderas y no era muy tentador. Sin embargo, adentro lo había acondicionado de manera tal de tener las paredes blancas, un lindo escritorio, la camilla, una ventana hacia el jardín, para que luciera profesional, cálido y amistoso. Para que la gente se sintiera cómoda y relajada.
Hablando de eso, siempre pregunto de manera suave cuando voy a abordar determinadas zonas del cuerpo. Por ejemplo, el sacro: “Lo que necesitaría hacer, en este momento, es sentir la base de tu columna. ¿Te parece correcto?” No uso las palabras trasero, ni sacro, digo “base de la columna”. Y espero a que contesten sí, antes de hacer algo.
Osteopatía - ¿Y te has dado cuenta de alguna vez que te hayan contestado que sí pero el cuerpo se cerró?
Timothy Marris - Sí. El cuerpo tiene su lenguaje.
Osteopatía - Y cuando eso pasa, ¿qué hacés?
Timothy Marris - Probablemente me vaya a trabajar a otro sector, a la cabeza o el cuello, hasta ver que el cuerpo vuelve a relajarse, y para que el tejido vea qué tan suave es mi contacto con él. Siempre hablen para generar ese ambiente de confianza.
Hoy es muy importante tener el aval del paciente antes de tocar o realizar algunas técnicas porque es muy fácil que la gente vaya a ver a un abogado y denuncie a los terapeutas. Es una “enfermedad legal”, como le llamamos. En Reino Unido siempre pedimos permiso cuando trabajamos en una parte sensible de la fisiología; puede ser cerca de los ojos, el busto, la pelvis, la boca, etc…
Es lo que hacemos ahora.
Osteopatía - ¿Te pasa alguna vez sentir que tenés que cancelar tu agenda porque estás exhausto o porque has tenido un paciente difícil?
Timothy Marris - Si tuve un paciente difícil, cuando reservo el siguiente turno, hago lo mejor posible para dedicarle un tiempo prudencial e intento agendar un paciente muy fácil y suave luego del paciente complicado. Lo último que quieren hacer es poner un paciente complicado al final del día.
Hay que intentar terminar el día con un paciente ameno.
Osteopatía - ¿Por qué crees que una persona pierde la homeostasis?
Timothy Marris - Pueden ser muchas razones. Pueden ser cosas fisiológicas, psicológicas (el estrés, tu jefe, no dormir, los niños o momentos difíciles), cuestiones bioquímicas (comes mal, con azúcar, etc), medioambientales. Hay muchos factores que pueden alterar nuestro equilibrio. La osteopatía puede fortalecer el estado general de las personas para poder tolerar mejor estos factores, pero claramente sería mejor que cada individuo investigara un poco sobre qué cosas lo están alterando.
Si tienes un trabajo que aborreces o un jefe que detestas, la osteopatía te hará sentir mucho mejor, pero no resolverá el problema. Si eso se prolonga por diez o veinte años, la cronicidad del problema también.
Osteopatía - Por ejemplo, si alguien tiene un trabajo que, por las circunstancias no puede cambiar, pero va al osteópata y le cuenta la situación. ¿El osteópata podría ayudarlo?
Timothy Marris - A muchos de mis pacientes, antes de trabajar con los síntomas del problema subyacente, les chequeo el sistema nervioso central. Porque si ponemos las manos y podemos sentir una electricidad en el cerebro o alta actividad, sabemos que esa persona tiene una vida compleja, que no para, que no tiene calma. No hay forma que esa fisiología sea lo suficientemente fuerte para poder progresar en ese estado a menos que lo calmemos un poco. Entonces trabajo para calmar el sistema nervioso antes de abordar las partes fisiológicas que molestan.
Osteopatía - Hablando de eso. ¿Hay alguna parte o función del cuerpo humano que te guste más o te haya atraído?
Timothy Marris - Me encanta trabajar a través de la circulación del corazón. Enseño sobre eso en Reino Unido. Still decía que la ley de la arteria es suprema y que cuando la circulación se desvía de la salud, empieza la enfermedad.
Tengo un amigo con el que nos tratamos mutuamente cada tres meses. La última vez trabajamos sobre el hígado. Para el hígado, la arteria hepática aporta el 50% del oxígeno y la vena porta el otro 50%. Ese día, percibimos que la vena porta no permitía el flujo completo de la arteria hepática, como si dijera “este es mi trabajo”. Lo sentimos ambos en el cuerpo del otro y quedamos fascinados. ¡Hay tanto aún por descubrir!
Osteopatía - ¿Anotás estos descubrimientos? ¿Llevás un diario osteopático?
Timothy Marris - Cuando nos reunimos, uno de nosotros es el encargado y anota todo. Hace años noté que tanto el corazón como el cerebro están envueltos por un sistema de capas: meninges y pericardio. Ambas tienen una capa externa fuerte y otra interna suave. No es casualidad.
En mis pacientes sentía las capas meníngeas y las comparaba con las del pericardio. Siempre que había tensión en una, la encontraba en la otra. Me dije: “¿Seré el primero en darme cuenta? Esto no está en ningún libro”. Así empecé a estudiarlo.
Osteopatía - Quizás lo que descubrís hoy se valide científicamente en 30 o 40 años. ¿Y creés que hay algo mágico en la osteopatía?
Timothy Marris - ¡Claro! Trabajamos a un nivel en el que es el tejido el que decide liberar. Yo no soy el terapeuta principal; soy el segundo o tercero. El principal es el propio organismo, que busca la salud desde que nacemos hasta que morimos. Por eso el ego debe quedar fuera de la consulta.
Osteopatía - ¿Cómo mantenés la pasión después de tantos años?
Timothy Marris - Porque amo lo que hago. Amo ayudar a mis pacientes y es hermoso cuando se sienten mejor. Enseñar es aún más profundo: puedo ayudar indirectamente a los pacientes de otros. Para mí, tratar pacientes es un camino espiritual; enseñar, aún más.
Osteopatía - ¿Recordás algún consejo o técnica que te hayan dado tus maestros?
Timothy Marris - Intento enseñar con la sabiduría con la que me enseñaron Anne Wales, Robert Fulford y Rollin Becker. Sutherland mismo evolucionó hasta hablar, al final, sobre “la luz del fluido”. Anne Wales me contó que vio esa luz circular cuando Sutherland trató a un paciente. Lo recuerdo vívidamente y me marcó profundamente.
Entrevistar a Tim Marris es encontrarse con un osteópata que honra la tradición y, al mismo tiempo, expande los horizontes de la percepción clínica. Su recorrido recuerda que la osteopatía es, ante todo, una disciplina que exige presencia, escucha y humildad. Su mensaje es claro: el cuerpo sabe, y nuestro trabajo es acompañarlo.
Muchas gracias, Tim, por tu generosidad y por seguir iluminando el camino osteopático.


Entrevista a Timothy Marris DO
por Christian Drevon Callone